El pueblo colombiano se encuentra en un momento crucial en su historia, 52 años después de iniciar una guerra inane que ha dejado unos 7 millones de víctimas, al parecer por fin vamos a empezar a reconstruirnos. Y desde la perspectiva que nos da el tiempo a las personas que tendremos la oportunidad de vivir este fin de ciclo, podemos ver lo que encontraríamos en cualquier conflicto y más en uno tan largo; victimas, victimarios, señores de la guerra, oportunistas, corrupción, malas políticas, rencores, etc. Pensar hoy de quién fue la culpa, o quién tuvo más responsabilidad es una tarea que no conduce a ningún lugar, porque la historia de Colombia es un proceso repetitivo, cíclico, un continuo estado de emergencia, de conflicto, no terminamos uno y estamos empezando el otro. ¿Desde cuándo vamos a empezar a juzgarnos?, no tiene sentido, lo que si tiene sentido es mirar hacia adelante y pensar en el país que queremos y al que podemos aspirar.
52 años de conflicto son suficientes, los últimos presidentes de Colombia han sido elegidos en forma directa o indirecta por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo, FARC-EP. Desde que tengo memoria, es decir, los presidentes, desde Betancourt hasta el hoy presidente Juan Manuel Santos han intentado de alguna manera acabar con las FARC-EP, ya sea mediante negociaciones o tratando de acabarlos militarmente. Y considero que el éxito de hoy es consecuencia de todos estos intentos, en los que se ganó experiencia y en los que tanto el gobierno colombiano como el grupo alzado en armas comprendió que no había un camino de victoria (entendiéndose lo que significa para cada bando). Ponerle nombres a los protagonistas del acuerdo al que hemos llegado tampoco ayuda y aunque seguramente la historia le dé más renombre a nuestro actual presidente lo que si quedara para la historia será la posición del pueblo colombiano, posición que se verá reflejada en los resultados del plebiscito por la paz.
Y ¿qué es el plebiscito por la paz?, ¿para qué sirve?, ¿cómo influye?, a ¿quién le sirve y a quién perjudica?, preguntas que le surgen a cualquier persona que sea consiente del momento que vivimos. Las respuestas seguramente las conteste mejor un abogado o un estudioso del tema, pero las respuestas simples son: el plebiscito es una forma de expresión de la gente que sirve para manifestar lo que pensamos acerca del acuerdo conseguido con las FARC-EP. Su influencia dependerá del resultado, lo mismo que a quien beneficiará, si el resultado es positivo (gane el SI), estaremos dando un primer paso hacia la reconciliación y hacía pensar que creemos en la posibilidad de un país diferente. Si gana el NO, se entenderá que aún no estamos listos para solucionar el conflicto y que consideramos que debe seguirse otro camino a los acuerdos, seguramente volver a la vía del conflicto armado. Si gana el SI los beneficiados seremos todos, porque podemos empezar a pensar en otras cosas que necesita el país, como educación, salud etc., temas olvidados, porque nuestra prioridad los últimos 52 años ha sido acabar con la guerrilla de las FARC-EP. Si gana el NO, ganan los señores de la guerra (vendedores de armas, etc.) y unos políticos que llevan viviendo de la guerra durante todos estos años.
Y aunque no lo crean, no estoy haciendo campaña por el SI, simplemente hago un análisis desde el punto de vista práctico. La energía desperdiciada, el dinero invertido en acabar con esto ha sido enorme y ha sido dinero quemado al aire, la guerrilla escogió el peor camino para conseguir la igualdad y unos derechos mínimos y el gobierno no supo negociar antes la salida de este conflicto porque simplemente le convenía a unos poderes superiores. Hoy nosotros tenemos la oportunidad de decirle que SI a este acuerdo, que seguramente no será 100% al gusto de todos porque si no, no se llamaría acuerdo, y con ello finalizar esta etapa que todos queremos cerrar.
Hay sapos difíciles de tragar y este conflicto nos ha dejado muchos con pésimo sabor de boca, no solo por el lado guerrillero sino también por el lado del ejército y de las instituciones que debían defender a los ciudadanos. Hoy vemos los que tenemos al frente, los que de alguna manera relucen por ser los más actuales, pero no olvidemos los que nos hemos tragado en el pasado. Uno de los argumentos más escuchados es que nadie está en desacuerdo con la paz sino con que haya impunidad. Y ¿habrá impunidad?, claro que la habrá, como la ha habido todos estos años, pero es que estamos ante una negociación no ante una rendición. No se puede olvidar que los que se sentaron a la mesa se sentaron como iguales así no nos guste. Cada uno desde un extremo empezó a acercarse al otro hasta llegar a un acuerdo.
No puedo criticar que haya personas que consideren injusto que un grupo guerrillero que nunca estuvo ni cerca de llevar a cabo los ideales que defendía, que hizo tanto a daño a la población menos favorecida, que alejo aún más a esos municipios a los que aisló en la violencia y sobre todo que radicalizó a la gente para pensar sin tonos de grises, vaya a recibir prebendas gracias a este acuerdo de paz. Pero les pido a esas personas que reflexionen acerca de cuál sería la salida si en el plebiscito gana el NO. ¿Qué mensaje mandaríamos a la ONU y a la comunidad internacional en general?, el de un pueblo que al parecer está conforme con el conflicto. Y digamos que no nos importa lo que piensen los demás, y nos centramos en nosotros, y seamos positivos, digamos que la guerrilla acepta sentarse nuevamente a la mesa a seguir conversando. ¿De verdad creen que van a ceder en su propósito y aceptaran como corderos ir a la cárcel? Y digamos que se decide aceptar el acuerdo tal como está entonces la forma de refrendarlo (o aprobarlo, no sé cuál es la palabra exacta aquí) dependerá o del congreso o de una constituyente. Si la decide el congreso el resultado con la distribución política de hoy sería una aprobación de lo acordado y sabiendo esto creo que es mejor que surja de nosotros dicha aprobación. El otro camino es la constituyente, el cuál a mi modo de ver es una copa envenenada ofrecida a un ignorante, porque es abrir una caja de pandora de la que no sabemos que pueda salir. Les pregunto, ¿si la mayoría no ha sido capaz de leer los borradores del acuerdo de la habana, creen que serán capaces de encontrar no sé cuántos micos que nos van a colar en una nueva constitución?, por favor, hoy todas las hienas están pendientes de eso, guerrilleros, uribistas, santistas, parapolíticos, etc., están listos a coger ese botín, y como sabemos que al final todos son de la misma ralea, ellos se pondrán de acuerdo y los afectados seremos el pueblo colombiano.
Podría dar mil argumentos para promocionar el SI, para que apoyemos sin duda el acuerdo de paz. Pero creo que el más relevante es el hecho de superar un pasado que nos mantiene atados, que ha costado más de 7 millones de víctimas de las cuales el 99% era pueblo raso. Un conflicto que no nos permite progresar, que ha creado una cultura de facilismo y porque no decirlo de victimismo, de la que se aprovechan todos los que ostentan el poder y en la que nos escudamos para no avanzar. Colombia por fin va a dejar de ser víctima, de tener un escudo y una excusa para no pensar en el país rico que somos. No queremos seguir ahogándonos en la sangre derramada, como homenaje a todas estas personas que han muerto, demostrémosles que no ha sido inútil, que Colombia vale la pena y que tenemos visión de futuro. No dejemos cabos sueltos, tengamos la conciencia de decidir que este proceso es nuestro y que si mañana se aparece algún ente internacional y nos diga que lo hicimos mal (por alguna argucia legal), podamos sacar pecho y decirle; puede que no haya sido optimo pero ha sido nuestra decisión de seguir adelante.
Este acuerdo empieza como un papel firmado y que ojala aprobemos la mayoría de colombianos, y nuestra tarea es hacer que ese papel firmado no se quede en papel. Si han tenido la oportunidad de leer los borradores verán que con solo un 20 % de lo que se indica allí tendríamos para hacer de Colombia un país próspero e igualitario. Es un comienzo difícil pero por favor no lo enterremos, no cometamos el gravísimo pecado de dejar a nuestros hijos el mismo país en el que nos tocó nacer, sino uno en el que haya verdaderas oportunidades de vivir en Paz.
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