domingo, 7 de octubre de 2012

El Monopoly de la Vida


Crisis es la palabra más pronunciada en los últimos tiempos, y podemos decir sin temor a equivocarnos que la crisis es mundial, no está limitada a un continente (como hace algunos años cuando la crisis era sinónimo de Latinoamérica o África) y la sufre al menos un 80 % de la población mundial. Y lo peor de esta situación es que los ciudadanos de a pie nos sentimos montados en una barca que naufraga, en donde no hacemos otra cosa que sacarle agua, y con un capitán que la maneja a control remoto. Y por supuesto, los que manejan la barca dicen que todo es muy complicado y nadie se atreve a decir nada por no sonar a ignorante o a enemigo de la salida de la crisis. Así que no podemos hacer otra cosa, más que sentarnos a escuchar en los telediarios que la bolsa y el monto de los intereses para endeudarse se comportan como una montaña rusa.
La primera gran mentira del sistema es hacernos creer que no podemos decir nada, porque no entendemos nada. En efecto, la economía es una de las disciplinas más complicadas de comprender y por tanto de  pronosticar, pero el problema es que ellos tampoco saben, o si no ya me dirán quien nos tiene metidos en estas. Pero lo que enoja ni siquiera es que no sepan, sino que como les digo ellos manejan con control remoto una barca que se hunde y no le prestan el mando a nadie más. Por lo tanto podemos ver como pasan de quebrar a Lehman Brothers a ser ministros de economía, o a ocupar los altos cargos del FMI,  del  BC, etc. Ellos jamás pierden y nosotros sólo somos cobayas para experimentar. Y resulta que si sales y protestas por los recortes, los sabios te dicen que si hicieran lo que quisiéramos y nos subieran el salario a todos por ejemplo, esto causaría inflación porque los precios subirían y entonces los sueldos no alcanzarían y entonces habría que volverlos a subir lo que haría que dejáramos de ser competitivos y quedaríamos peor que al principio, etc, etc. ¿Y tienen razón? Puede que sí, yo no soy economista para saberlo, sin embargo me pregunto, por qué nunca se piensa que el sistema podría comportarse al revés y si subimos los sueldos todos compramos más, lo que haría que la economía se reactivara y entonces la producción aumentaría, se vendería más y al final todos ganamos. Bueno, la respuesta es sencilla, porque los mercados son globales y eso funcionaría si todo el mundo hiciera lo mismo, pero eso no va a suceder. Los que me conocen saben que siempre he usado la metáfora del desagüe para explicar el modelo económico actual. La corriente que lleva las aguas (el dinero) al destino final, funciona de tal manera que las que están mas lejos del desagüe y que por lo tanto giran mas rápido son las que llevan el control, las que están dentro y se han ido desplazando hacia el centro lo único que pueden hacer es asumir su destino e irse por el desagüe, por más que intentan salir de la fuerza de atracción que ejerce el centro, es imposible salir. Por ello, los mercados de los países no están dispuestos a asumir riesgos, porque saben que en la medida que se mantengan lejos del centro del desagüe les irá mejor y por tanto no asumen esa suposición. Lo que si está claro es que sin importar la posición que ocupen actualmente, la forma en que funciona el sistema condiciona a que el único destino es el caño. Ahora, como ya pueden imaginar el caño serán las 5 o 10 multinacionales que controlen los mercados. La diferencia que había entre los países era qué tan lejos estaba cada país del desagüe. Después de la crisis, parece que todos dieron un gran salto hacia el centro, unos más que otros y eso los pone en una situación muy precaria, especialmente a aquellos que estaban acostumbrados a estar en el borde exterior. Ellos no saben como reaccionar ni tienen la vocación de apretar el cinturón tal como lo obliga el sistema. ¿Y por qué lo obliga? ¿Luego su interés no es quedarse lo más rápidamente con todo?, pues claro que sí, pero nosotros somos ranas puestas a hervir dentro de una olla, el sistema no quiere que nos demos cuenta que nos cocinan y saltemos de la olla, él tiene que hacerlo pausadamente para que no haya protestas ni malos rollos.
¿Les parece muy tosca mi metáfora?, puede que sí, soy un ciudadano de a pie y de por sí, eso en materias económicas me hace un ignorante. Pero ahora les sugiero que pensemos en el mundo en que vivimos. Imaginen lo que pensaría un extraterrestre al ver nuestro sistema de “intercambio de productos”. Lo primero que ve es que usamos unos papeles a los que les hemos dado valor sin tener ninguna base real. Todo el sistema se basa en la firme creencia de que esos papelitos tienen el valor dado. Dichos papeles cambian su valor de acuerdo a lo que piensan un grupo muy reducido de personas de acuerdo a cuánto quieran ganar o estén dispuestos a perder. Dicho valor puede cambiar también si entre el reducido grupo surge algún cotilleo y se pronostica que éste o aquél perderá o ganará valor. Muchos de los intercambios realizados se hacen en unos sitios llamados bolsa donde todo es simbólico y sólo sirven para que la fe del ciudadano se mantenga y se basan en su ignorancia acerca de dichos intercambios para mantenerlos en silencio. Cuando se intercambian cosas tangibles, la ganancia del producto no se la lleva el que trabajó para elaborarlo, sino aquél que invirtió para hacerlo (Eso ha sido la gran putada que nos dejó la Europa del siglo XVIII). Para el 99%, el trabajo será su única manera de contribuir, ya que para pasar al lado inversionista se necesita tener papelitos y como tu trabajo te lo han pagado con una cantidad de papelitos decidida por el dueño de los mismos, pues no se puede esperar que sea muy generoso. Estoy seguro que el extraterrestre dirá, “pero como son de tontos la mayoría de humanos, ¿cómo se pueden creer ese cuento?”. ¿A que si tu hijo te da un billete de monopoly, no sales con él a hacer la compra?, todo el mundo diría que tienes problemas mentales. ¿Y eso no es lo que vivimos cada día?. Aquí es cuando uno escucha el toc, toc, Neo despierta, ¿capsula roja o azul?
Si escogemos la azul, que es lo que hacemos la mayoría, todo sigue igual, nos levantamos cada día nos vamos a trabajar, ganamos lo poco o mucho y contribuimos cada día comprando tv, dvd, internet, móvil, iphone, ipad, kindle, ipod, coche, nos hipotecamos, etc, etc, etc. Y luchamos cada día por hacer una vida normal. Si escogemos la roja, nos tocaría cambiar absolutamente nuestra vida, y tratar de mantener la libertad que proporciona una vida bucólica. El problema está en cuántos estarían dispuestos a abandonar las “comodidades” que da el coche, el supermercado, la tecnología en general (Afortunadamente el 50% de la población vive sin conocerla si no esto ya se hubiese acabado). Pero lo más difícil no es eso, sino, ¿qué pasa si desea tener familia e hijos?, el compañer@ puede que soporte tu decisión de abandonarlo todo e irse al campo, al fin y al cabo así l@ conoció. Pero, ¿y los hijos?, a diferencia de uno que decidió libremente, ellos no podrían hacerlo, ya que para vivir la vida a la que sus padres renunciaron, tendrían que empezar desde muy abajo y someterse aún más que nosotros.
Aunque soy positivo, no puedo tener una visión diferente. Seguiremos cocinándonos en el agua tibia, viendo los toros desde la barrera, porque es difícil protestar, teniendo familia que mantener.  Porque no es como dice Rajoy, que los que están en casa es porque están felices con la situación, es porque simplemente no pueden salir. Para cerrar y a manera de protesta, no gasten más de lo que ganan, disfruten lo que tienen, porque bien decía Diógenes que le hacia feliz ver en el mercado tantas cosas que él no necesitaba.