miércoles, 8 de mayo de 2013

¿Por qué hablar de Socialismo si vivimos en el Capitalismo?

Desde hace algunos días vengo siendo bombardeado por una cantidad de escritos en contra del socialismo como corriente política. Obviamente los que postean se valen de textos apócrifos que se encuentran en la Internet. Destacan entre ellos dos a los que haré mención porque seguramente los habrán recibido. El primero es el titulado “Por qué Fracasa el Socialismo”(ver figura adjunta)  y el otro es uno donde hay un foto con una mujer esquivando el beso que un pesado quiere darle y que empieza con la frase “Al que le Caiga el Guante......”.

¿Por qué me tomo el trabajo de escribir sobre esto?, bueno porque considero que las redes sociales tienen el gran defecto de engatusar a quienes precisamente tienen menos tiempo para la reflexión. Y porque la situación actual no permite quedarse callado ante campañas de este tipo que solo buscan estigmatizar formas de pensar y desacreditar a los que abogan por reducir las desigualdades sociales que existen en el  mundo.
Ambos textos no soportan un simple análisis de forma, pero haré el intento. El primero es un texto al que lo hacen aparecer como si formase parte de un diario ya que la textura es la de una hoja de periódico escaneado (aunque también hay versiones en texto plano), que busca darle seriedad. Luego se indica que el protagonista es un profesor de la universidad norteamericana Texas Tech que en efecto existe (también hay versiones que no dan el nombre de la U), pero no dicen el nombre del profesor, solo indican que dicta economía. Este tipo de artimañas son usadas para dar credibilidad a cualquier tontería que se escribe, eso lo sabe hasta Ricardo Quevedo (ver stand-up comedy http://www.youtube.com/watch?v=Ti86tx5Fcmc). Pero si suponemos que es cierto, entonces el profesor tiene serios problemas en su concepto de evaluación y a los estudiantes que lo aceptan les falta una neurona. Seriamente dudaría yo en contratar algún egresado de dicha universidad y más si lo contrato para temas económicos. El otro texto es más de lo mismo, con la salvedad que por lo menos esta persona no permite el atropello.
Muchos podrán decir que lo importante es el fondo. Bueno, vamos al análisis de fondo, primero ¿es pertinente criticar un sistema que no está implementado en los países donde se permite la circulación de estos pasquines?, es más, que solo esta implementado en China, Corea y algún otro país que desconozco, y si me apuran, yo diría que ese modelo no se ajusta al de la sociedad china. La respuesta es no, eso es como si alguien pinta la casa de rojo, está desesperado porque le quedo horrible, y en vez de solucionar cambiando de color, lanza una diatriba contra el color azul. Si estamos como estamos no es precisamente por el socialismo, por si no se han enterado estamos en un sistema capitalista. Alguien podría entonces decir que se hace para advertir lo demoníaco que puede ser un sistema socialista (ante la amenaza Chavista) y entonces la pregunta es ¿Alguien en el mundo cree que el socialismo podría llegar a ser implementado como se indica en estos textos? Eso si no me lo creo. No existe nadie en el mundo con dos dedos de frente capaz de pensar que en el siglo XXI un socialismo de este estilo pueda ser instaurado como modelo político y social.
Es indudable que al hablar de este tema se relaciones esta tendencia con lo que Chávez dio en llamar Socialismo del Siglo XXI. He de decir que me desmarco completamente de este pensamiento, lamento profundamente que haya usado ese nombre ya que hubiese sido interesante usarlo para proponer un nuevo modelo social. El socialismo que se propone en la actualidad es muy diferente, basta con ver tendencias políticas como la del Partido Socialista Obrero Español, o la del partido Demócrata norteamericano o el partido Laborista de Reino Unido, o en general el Partido Socialista Europeo. ¿Creen de verdad que estos partidos defienden una repartición de los bienes de la forma como se expresa en ese panfleto?. Algunos si acaso abogan por una política del que más tenga que más pague, pero hasta ahí no más.
Lo peor de este tipo de escritos es la macartización de las palabras, un gravísimo problema en la actualidad. No entiendo como alguien puede preferir el Capital sobre lo Social, desacreditando las posibles alternativas, de verdad que me supera pero es lo que vivimos tristemente. Supongo yo que los que comparten estos textos les toca dar su dinero a los vagos que habitan en su país, en el que yo vivo pasa lo mismo, miles de personas trabajan más de 8 horas diarias, 7 días a la semana ganando 40 veces menos que lo que gana por ejemplo un Senador que es un tip@ que no llega a trabajar 8 horas a la semana (lo mismo pasa con los dueños de los bancos o las multinacionales), pero la diferencia es que no lo llamamos socialismo, lo llamamos capitalismo. Vivo en una sociedad donde el valor del trabajo está determinado por el valor que se le haya dado al dueño de los esclavos. Y por supuesto dicho valor no va a los esclavos sino a su dueño. Así podemos ver que los esclavos de Arturo Calle son más baratos que los de Amancio Ortega y estos a su vez que los de Apple. Está claro que es indefendible un sistema en el que hacer una camisa vale 1 o 2 dólares que se reparte entre el que hace la tela, la confecciona y la cose (que vive en china o Tailandia) y se vende por 30 dólares que se lleva el dueño de una marca en Europa. ¿Se puede considerar ilógico el exigir que el trabajo que estas personas realizan sea remunerado de una forma más justa?, ¿No creen que estas personas merecen recibir algo de las millonadas que reciben los que las comercializan en sus respectivos países?. Eso sin contar con la privatización que se hace de los recursos naturales en los países que no tienen como deshacerse del yugo del FMI. ¿De verdad es tan loco pedir que por ejemplo el pueblo de Yopal tenga agua después de que su petróleo ha sido expoliado durante años?. ¿Lo ven tan injusto?. Qué lo que pasa es que no entiendo la economía de escala, pues  si la entiendo, lo que no entiendo es como la aceptamos.
Puede parecer una tontería, pero reducir al absurdo los argumentos de los demás, llevar sus ideas al nivel del ridículo produce que no haya debate y que sin argumentos lógicos se menosprecien las nuevas propuestas. Yo no digo que no se pueda expresar lo que se piensa, por el contrario ojalá hubiesen verdaderos espacios de debate y posibilidad de generar un cambio. Pero el debate exige respeto al otro, tolerancia y sobre todo oídos. ¿Por qué no puede existir un sistema diferente al que nos rige?, no tiene que ser el socialismo, pero sin duda si uno que ponga al ser humano por encima del capital.

jueves, 2 de mayo de 2013

La paz en Colombia: una bonita utopía para la que no estamos preparados.


Hace exactamente 10 meses me preguntaba si sería posible la paz en Colombia. Planteaba que para que existiese paz deberían darse varias condiciones; entre ellas una decidida voluntad de vivir en paz, de desmarcarnos de antiguos rencores y evolucionar.
Hoy veo con tristeza que ese sueño sigue siendo una utopía. Nadie puede negar que Colombia ha sufrido la violencia desde su mismo nacimiento y que el colombiano es un ser valiente que sabe sobreponerse cada día al miedo y a la injusticia. Pero lo que no puedo comprender es porque en su mayoría no son capaces de avanzar, de dejar de regodearse en su dolor, de acumular el rencor al nivel de hacer suyos el dolor ajeno, no con el objeto de ayudar sino de justificar sus razones para mantener la guerra. Un ejemplo evidente es nuestro comportamiento ante las víctimas, aquellas que de verdad han tenido que irse de sus casas, que han perdido seres queridos, que viven en un semáforo vendiendo galletas y dulces. No hay colombiano que no las compadezca y se llene de odio contra el que comete semejantes injusticias, pero que al momento de decirle que se requiere contribuir para colaborar con esas victimas echa para atrás, se lleva las manos a la cabeza y dice que no tuvo nada que ver.
No sé si sepan que cada año mueren más de 400 policías y miembros del ejército y que un número similar queda minusválido de por vida. Una cifra escalofriante si se tiene en cuenta que solo se está hablando de militares y que no estamos contando la población civil y más aún cuando lo comparamos por ejemplo, con el conflicto entre ETA y el estado español, que ha dejado ~800 víctimas en 40 años.  Ese solo hecho justifica todos los intentos por acabar con el conflicto por la vía pacífica, sin embargo, es fácil desde el sillón de la casa al frente de la TV decir que se debe acabar con el conflicto por la vía armada cuando nuestros hijos están en el parque de la 93 o en el bar de la esquina. Es fácil pelear cuando creemos que basta con pagar los impuestos y el cuero que lo ponga el campesino quien es al final quien presta el servicio militar obligatorio en medio del monte o quien es reclutado por alguno de los actores del conflicto.
Nos hemos dejado lavar el cerebro por una maquinaría decidida a mantener la guerra, porque les conviene, les permite obtener réditos políticos, dividir al país, mantener oculto el incremento desaforado de sus bienes, justificar sus crímenes, etc. Los principales detractores hicieron un tratado de paz no hace más de 8 años en términos que hacen ruborizar al más implacable de los mercenarios. Sin embargo se aceptó porque eso contribuyó a mejorar la vida de muchas personas y muchas pudieron encontrar paz en su alma al enterarse finalmente de la suerte de sus seres queridos. Hoy se propone algo similar pero para el bando contrario, se cometerán también errores, habrá quienes paguen más, menos, o quizás hasta nada, pero habremos salido del conflicto y nos podremos dedicar a avanzar, a pensar en cómo ayudar a los que han quedado fruto de 60 años de matanza.
La inversión anual colombiana en seguridad es del 3.5% del PIB (14% del presupuesto nacional) eso es aproximadamente 25 billones de pesos. No quiero decir que con el fin del conflicto ese ítem se vaya a cero, eso sería un falacia ya que según los estudiosos esta inversión se debe mantener al menos por unos 15 años más, pero sin duda algún día habrá que empezar, ¿por qué no hoy?. Como ya he dicho esta inversión no es para  nosotros, es una inversión para la siguiente generación, ellos serán los que disfruten de vivir en paz, pero para que lo hagan la debemos construir nosotros HOY.
Finalmente y quizás la más decepcionante de las razones para mi desesperanza, sea la ausencia del que en mi concepto debe ser el eje central de un país que desea vivir en paz, la tolerancia. Y de ese ítem adolecemos los colombianos en una forma curiosa. Los colombianos toleramos que nuestros derechos sean pisoteados, toleramos falsos positivos, toleramos la corrupción, toleramos todas las violaciones a los derechos humanos posibles. Eso no quiere decir, que de vez en cuando no se haga una marcha en contra de esas cosas, pero en general reelegimos corruptos, hacemos la vista gorda si me toca contribuir para resarcir el daño, lo justificamos porque es hijo de nosequiencito, etc. Pero lo que si no toleramos de ninguna manera es que al otro le sean concedidos sus derechos, eso de ninguna manera. Nos rasgamos las vestiduras, acudimos a la moral, a los valores, salimos a protestar  pero no toleramos que se le puedan conceder a las minorías derechos que les han sido negados. Las novelas de mayor rating en Colombia hablan de narcotraficantes, paramilitares y putas, pero seguimos pensando que el mal ejemplo está en concederles los derechos a las personas.
Tengo por supuesto una visión muy negativa de nuestra sociedad colombiana. Tenía fe de que pudiéramos superar y avanzar, pero veo con tristeza que no estamos preparados aún para eso. Porque la paz no la da la firma de un tratado, o el fin del conflicto con la guerrilla, o los paramilitares, o las bacrim, o cualquier otro actor armado. La paz la da el deseo sincero de aceptar al otro como es, darle la oportunidad de expresar las ideas, de debatir los desacuerdos, de garantizar la libre expresión desde el mismo escenario, y de brindarle dentro del mismo sistema las garantías para que encuentre apoyos o detractores y construir entre todos el país que queremos.
Alguna vez escuché que si los ricos supieran que hacer el bien es un buen negocio, lo harían aunque sólo fuera por negocio. Yo espero que todos aquellos que están en contra de una negociación de paz, que no toleran a su vecino, que no soportan a su compañero de oficina, se pongan al lado de la paz aunque sólo sea porque es un magnífico negocio, un negocio en el que todos ganamos.