España se encuentra en el clímax político a que lleva un cierre de campaña electoral para las próximas elecciones municipales. Y es que estas elecciones no parecen ser las tradicionales elecciones bipartidistas en donde se escoge entre el ébola y la malaria. Ahora, siguiendo con la metáfora, han aparecido nuevas enfermedades cada una con su tendencia propia.
El primer dilema con el que se enfrenta el ciudadano de la calle es con el de votar o no por lo candidatos que se le plantean. Y es que la pregunta ya no es retórica, ni tampoco un llamado a ejercer el derecho a elegir, es una pregunta sincera de una sociedad defraudada por sus gobernantes. Pero mucho cuidado con elegir no votar, porque eso no es más que la victoria de la corrupción sobre un sistema democrático débil y maniatado a los intereses económicos.
Después de decidir que se va a ejercer el derecho a elegir, aparecen los diferentes candidatos, en esencia dos representantes de los partidos tradicionales y al menos un par de oponentes de los partidos emergentes. Los tradicionales tienen la ventaja de llevar una inercia de muchos años lo que les da un mejor manejo de las maquinarias, sin embargo, cargan el enorme lastre de los escándalos de corrupción que han ido surgiendo en los últimos meses. Y los emergentes tienen la ventaja del adagio popular, “escoba nueva siempre barre bien”, aunque esta vez, sí acercamos la lupa, vemos que muchos de sus componentes son realmente militantes reciclados de los partidos tradicionales. En realidad, para mi hay poco cambio, excepto el de un planteamiento de extrema izquierda que generalmente no lleva sino a un quiebre institucional que puede ser sano mientras no consigan el poder, es decir, sirve mientras estén en la oposición, pero no con el poder. Por la otra parte, la opción de extrema derecha disfrazada de centro “chachi”, que para mí es muy peligrosa, no solo porque en caso de ganar algún escaño se inclinara por el poder del que suba, manteniendo es statu quo, sino porque en caso de ganar, tenderá a aumentar las brechas sociales con eufemismos patrióticos.
La incertidumbre que se tiene con los emergentes es grande pero la seguridad ofrecida por los tradicionales es de solo un continuar en lo mismo con los ajustes necesarios para que ellos ganen las elecciones, eso sí, solo con medidas temporales que se eliminan apenas vean que sus feudos de corrupción se ven amenazados. Pero aquí viene la pregunta, ¿hacia donde inclinar la balanza?, ¿hacia unos partidos que nos han demostrado en grado sumo lo corruptos que son?, no una vez, sino por dar un ejemplo, Valencia, donde casi por un cuarto de siglo han vivido de las arcas del ciudadano, corrompiendo y corrompiéndose. ¿O nos inclinamos hacia el otro lado?, donde si bien es cierto que presentan programas difíciles de llevar a cabo (aunque tengan en cuenta que el actual partido de gobierno tampoco ha cumplido nada de nada), su aparición ha conseguido que se destaparan ollas podridas y su presencia garantiza, que al menos, los corruptos tengan que disimular un poco y no sigan con el robo descarado.
Obviamente la respuesta a esa pregunta la contestará cada uno desde sus principios y convicciones. Y considero que cualquier decisión que se tome se hará con el firme propósito de dejar una mejor ciudad para sus hijos. Porque a pesar de que hoy en día, la utopía de la democracia no es más que un bonito cuento de las multinacionales y los grandes poderes financieros, es el mejor sistema que tenemos para elegir a nuestros representantes.
Esta entrada de mi blog sería inane si no me mojara, como se dice en España, por alguno de los candidatos. Como ya he dicho a lo largo del texto no estoy de acuerdo con el continuismo que ofrecen los partidos tradicionales, ninguno de los dos. Los unos porque en el poder no han mostrado sino su servilismo de los poderes económicos y los otros porque haciendo su labor de oposición han dado verdadera pena. Por otra parte, Ciudadanos, para hablar con nombre propio, tiene algo que me gusta y es que no esconde sus tendencias políticas, aunque las disfrace para hacerlas parecer convenientes, son una manzana muy muy envenenada. A pesar de su piel de cordero, sus propuestas son una demostración de su clara tendencia de extrema derecha, de un liberalismo altamente peligroso en una sociedad socialista como la establecida en España. Finalmente Podemos son una amenaza al sistema de instituciones, no obstante su margen para llegar al poder es muy lejano en la mayoría de provincias y contrario a lo que se puede pensar, también está muy lejos a nivel nacional, no obstante serán la piedra en el zapato, la mosca detrás de la oreja y espero de verdad que en su papel de oposición ejercido desde las minorías se convierta en el pepe grillo de los gobiernos establecidos. Queda bastante claro por quien me inclinaré y que gane el más honrado y el mejor capacitado para administrar.
Esquirlas: Algunos se preguntaran porque no tengo en cuenta otros partidos, bueno sinceramente, porque están muy lejos de los márgenes de victoria y con el sistema implementado en España será difícil que consigan algún escaño. UPyD por ejemplo ha hecho una lamentable campaña (que no gestión, que esa ha sido buena) llena de errores, y para llegar al poder hay que quererlo, hay que tener vocación de poder. El resto o son unos regionalistas recalcitrantes o sus militantes han abandonado para irse a los partidos emergentes.
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