jueves, 2 de mayo de 2013

La paz en Colombia: una bonita utopía para la que no estamos preparados.


Hace exactamente 10 meses me preguntaba si sería posible la paz en Colombia. Planteaba que para que existiese paz deberían darse varias condiciones; entre ellas una decidida voluntad de vivir en paz, de desmarcarnos de antiguos rencores y evolucionar.
Hoy veo con tristeza que ese sueño sigue siendo una utopía. Nadie puede negar que Colombia ha sufrido la violencia desde su mismo nacimiento y que el colombiano es un ser valiente que sabe sobreponerse cada día al miedo y a la injusticia. Pero lo que no puedo comprender es porque en su mayoría no son capaces de avanzar, de dejar de regodearse en su dolor, de acumular el rencor al nivel de hacer suyos el dolor ajeno, no con el objeto de ayudar sino de justificar sus razones para mantener la guerra. Un ejemplo evidente es nuestro comportamiento ante las víctimas, aquellas que de verdad han tenido que irse de sus casas, que han perdido seres queridos, que viven en un semáforo vendiendo galletas y dulces. No hay colombiano que no las compadezca y se llene de odio contra el que comete semejantes injusticias, pero que al momento de decirle que se requiere contribuir para colaborar con esas victimas echa para atrás, se lleva las manos a la cabeza y dice que no tuvo nada que ver.
No sé si sepan que cada año mueren más de 400 policías y miembros del ejército y que un número similar queda minusválido de por vida. Una cifra escalofriante si se tiene en cuenta que solo se está hablando de militares y que no estamos contando la población civil y más aún cuando lo comparamos por ejemplo, con el conflicto entre ETA y el estado español, que ha dejado ~800 víctimas en 40 años.  Ese solo hecho justifica todos los intentos por acabar con el conflicto por la vía pacífica, sin embargo, es fácil desde el sillón de la casa al frente de la TV decir que se debe acabar con el conflicto por la vía armada cuando nuestros hijos están en el parque de la 93 o en el bar de la esquina. Es fácil pelear cuando creemos que basta con pagar los impuestos y el cuero que lo ponga el campesino quien es al final quien presta el servicio militar obligatorio en medio del monte o quien es reclutado por alguno de los actores del conflicto.
Nos hemos dejado lavar el cerebro por una maquinaría decidida a mantener la guerra, porque les conviene, les permite obtener réditos políticos, dividir al país, mantener oculto el incremento desaforado de sus bienes, justificar sus crímenes, etc. Los principales detractores hicieron un tratado de paz no hace más de 8 años en términos que hacen ruborizar al más implacable de los mercenarios. Sin embargo se aceptó porque eso contribuyó a mejorar la vida de muchas personas y muchas pudieron encontrar paz en su alma al enterarse finalmente de la suerte de sus seres queridos. Hoy se propone algo similar pero para el bando contrario, se cometerán también errores, habrá quienes paguen más, menos, o quizás hasta nada, pero habremos salido del conflicto y nos podremos dedicar a avanzar, a pensar en cómo ayudar a los que han quedado fruto de 60 años de matanza.
La inversión anual colombiana en seguridad es del 3.5% del PIB (14% del presupuesto nacional) eso es aproximadamente 25 billones de pesos. No quiero decir que con el fin del conflicto ese ítem se vaya a cero, eso sería un falacia ya que según los estudiosos esta inversión se debe mantener al menos por unos 15 años más, pero sin duda algún día habrá que empezar, ¿por qué no hoy?. Como ya he dicho esta inversión no es para  nosotros, es una inversión para la siguiente generación, ellos serán los que disfruten de vivir en paz, pero para que lo hagan la debemos construir nosotros HOY.
Finalmente y quizás la más decepcionante de las razones para mi desesperanza, sea la ausencia del que en mi concepto debe ser el eje central de un país que desea vivir en paz, la tolerancia. Y de ese ítem adolecemos los colombianos en una forma curiosa. Los colombianos toleramos que nuestros derechos sean pisoteados, toleramos falsos positivos, toleramos la corrupción, toleramos todas las violaciones a los derechos humanos posibles. Eso no quiere decir, que de vez en cuando no se haga una marcha en contra de esas cosas, pero en general reelegimos corruptos, hacemos la vista gorda si me toca contribuir para resarcir el daño, lo justificamos porque es hijo de nosequiencito, etc. Pero lo que si no toleramos de ninguna manera es que al otro le sean concedidos sus derechos, eso de ninguna manera. Nos rasgamos las vestiduras, acudimos a la moral, a los valores, salimos a protestar  pero no toleramos que se le puedan conceder a las minorías derechos que les han sido negados. Las novelas de mayor rating en Colombia hablan de narcotraficantes, paramilitares y putas, pero seguimos pensando que el mal ejemplo está en concederles los derechos a las personas.
Tengo por supuesto una visión muy negativa de nuestra sociedad colombiana. Tenía fe de que pudiéramos superar y avanzar, pero veo con tristeza que no estamos preparados aún para eso. Porque la paz no la da la firma de un tratado, o el fin del conflicto con la guerrilla, o los paramilitares, o las bacrim, o cualquier otro actor armado. La paz la da el deseo sincero de aceptar al otro como es, darle la oportunidad de expresar las ideas, de debatir los desacuerdos, de garantizar la libre expresión desde el mismo escenario, y de brindarle dentro del mismo sistema las garantías para que encuentre apoyos o detractores y construir entre todos el país que queremos.
Alguna vez escuché que si los ricos supieran que hacer el bien es un buen negocio, lo harían aunque sólo fuera por negocio. Yo espero que todos aquellos que están en contra de una negociación de paz, que no toleran a su vecino, que no soportan a su compañero de oficina, se pongan al lado de la paz aunque sólo sea porque es un magnífico negocio, un negocio en el que todos ganamos.

2 comentarios:

  1. Wow, Waldo, en estas lineas hay muchos pensamientos en comun, sin duda es muy triste como Colombiano en el exterior ver esta realidad de nuestro pais. Un abrazo

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  2. Yo creo que igual hay muchos colombianos allá que comparten este pensamiento pero con el extremismo que se esta viendo es difícil expresarse sin ser estigmatizado como guerrillero o degenerado, y en ese sentido si es mas fácil decirlo desde afuera.

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