Vivimos en una sociedad que decidió desde hace muchos años vivir dentro de una doctrina política conocida como democracia. Y se supone que la democracia es el poder del pueblo, estrictamente hablando la RAE la define como el predominio del pueblo en el gobierno político de un Estado. Partiendo de esa definición llegamos a la conclusión que la democracia dejo de existir hace mucho tiempo. Y dejo de existir por la desidia de los ciudadanos; valga la pena recordar que la RAE define ciudadano como “habitante de las ciudades antiguas o de Estados modernos como sujeto de derechos políticos y que interviene, ejercitándolos, en el gobierno del país”. Pero por una u otra razón dejamos de ejercer nuestra función como ciudadanos y permitimos que nuestros países se fueran al garete.
Está claro entonces que dejamos de vivir en una democracia porque dejamos de cumplir nuestras obligaciones como ciudadanos. Y si se preguntan cuáles son esas labores, esencialmente la respuesta es la de elegir y la de ejercer la veeduría. En un sistema como el nuestro donde elegimos a personas que nos representarán ante los poderes del estado nuestra primera función es la de elegirlos con nuestros votos. Sí no estamos de acuerdo con ninguna de las candidaturas debemos hacerlo saber mediante el voto en blanco, lo que no se puede es dejar de votar, sea por la razón que sea. Ese ha sido el primer gran triunfo de los políticos corruptos, aburrirnos hasta el punto de no querer saber nada de nuestros gobernantes y dejarnos de preocupar por quién se elige. Craso error, porque de esta manera ellos han establecido sus nidos de hampa, refugiados entre los pocos privilegiados que se verán beneficiados después de elegirlos.
Nuestra segunda función, la de veedores, la dejamos de cumplir por desconocimiento y segundo por pereza. Está claro que no todos tenemos tiempo de estar de pie al lado de las oficinas del ayuntamiento y estar pidiendo cuentas de todo. Pero lo que si podemos hacer, con un poquito de esfuerzo, es vigilar lo que tenemos al lado o lo que sucede en nuestro barrio, en nuestra calle. Como es posible que aceptemos pasar todos los días por obras inacabadas y no nos preguntemos qué pasa?, o veamos que reemplazan los andenes que estaban en buen estado por otros iguales y nos parezca bien? Y podría dar muchos más ejemplos de cosas que vemos a diario y no nos hacen reaccionar. Pero quizás lo peor de todo esto, es que veamos con malos ojos a la gente que se ha tomado el trabajo de ejercer sus derechos y de proteger los nuestros. Yo me preguntó, cómo es posible que movimientos como el 15 M o el de los desahuciados sean vistos por muchos como malo, cómo podemos estar en contra de que la gente se siente a protestar porque da mala imagen. Puede ser que muchos de esos movimientos estén auspiciados por otros políticos, puede ser, pero como sea, por lo menos exigen al que tiene el poder que este alerta, que sepa que alguien lo vigila.
La democracia ya no existe, porque la dejamos perder y cada día que pasa es más difícil recuperarla. Bajo el yugo de los grandes monopolios comerciales la democracia se difumina dejando apenas el rastro para que la gente se ufane de decir que viven dentro de una. Es indudable que aquí no se mueve un dedo si los grupos económicos no están de acuerdo, porque ellos manejan todos los hilos. Y pueden hacerlo porque son ellos los que controlan la economía, la fuente de ingresos de cada uno de nosotros y los destinos de los recursos. Se han preguntado ¿Por qué el primer recurso que siempre se recorta es el de la educación? La respuesta es evidente, porque un pueblo sin educación es más fácil de manipular. Y lo segundo es meterle miedo y eso se logra recortando en salud. Con esos dos elementos la sociedad se sumerge en su miseria y asoma la cabeza apenas para decir por lo bajito, vaya m… de país.
Sin embargo no todo está perdido, nuestros gobiernos nos llevan a límites que ni ellos mismos logran dimensionar. Cuando las personas dejan de tener algo que perder, las revoluciones empiezan a forjarse. Dense cuenta de lo que ha sucedido esta semana con la iniciativa legislativa popular que se ha dado en España sobre la dación en pago, ese ha sido un logro inmenso. No se ha dicho que sí, al final puede que salga o puede que no, pero por lo menos se ejerce el poder que tenemos. Como decía un gran personaje colombiano, “esos tipos que están en el gobierno, no están para mandarnos, están para obedecernos”.
¿Qué si tenemos responsabilidad en la hecatombe de nuestros países?, pues la verdad es que sí y mucha, pero siempre habrá esperanza si comenzamos a ejercer nuestro trabajo como ciudadanos.
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