Aunque en la cumbre de Durban no esperábamos noticias de acuerdos definitivos ni nuevas propuestas de políticas a favor de la conservación del medio ambiente, tampoco esperábamos los resultados que se están dando. Países como Canadá, Japón y Rusia ya se han bajado del bus porque no están dispuestos a pagar las multas que implicaría el no cumplimiento de las medidas de reducción de emisiones de CO2 que se pensaban conseguir para el próximo año 2012. Y entiendo sus razones, aunque por supuesto no las comparto. Se entiende que dichos países no estén dispuestos a pagar si no existe un compromiso real por parte de todos los demás países del primer mundo de hacer lo mismo, lo que no se puede comprender es esa falta de compromiso. Porque son ellos al fin y al cabo los que hasta ahora han disfrutado de un desarrollo industrial y económico que les ha permitido precisamente ser considerados dentro del grupo “primer mundo”.
El mundo desarrollado argumenta su falta de compromiso en el hecho de que países que se encuentran desarrollándose con un ritmo acelerado como China o Brasil no tengan que cumplir las restricciones que si existen para ellos. Y por supuesto China y Brasil dicen que si tuvieran que cumplir dichos compromisos verían seriamente afectados su crecimiento económico.
Y aquí es donde está la pescadilla que se muerde la cola, porque el mundo ha cambiado, el primer mundo ya no lo es tanto ni los países subdesarrollados son tan subdesarrollados. De tal forma que un protocolo como el de Kioto, que tenia dentro de sus premisas que los países industrializados seguirían llevando la batuta por siempre y que los demás seguirían a la retaguardia, ya no puede mantener sus lineamientos. La crisis económica tiene a la Unión Europea y a los Estados Unidos apretándose el cinturón, haciendo ajustes fiscales y buscando la manera de reactivar sus economías y no creo que tengan en mente ralentizar sus producciones para cumplir restricciones medio ambientales. Podemos decir lo mismo de los países en vías de desarrollo, ellos tampoco piensan detener un crecimiento que les está mejorando su calidad de vida y que los está posicionando a nivel mundial como los nuevos motores de desarrollo.
Con estas perspectivas podemos decir que el gran sacrificado será el planeta que no entiende de economía. Él lo único que hace es reaccionar cambiándonos las condiciones climáticas, con lluvias torrenciales en algunas zonas y terribles sequias en otras. Con huracanes apareciendo en Europa y tornados e inundaciones en América.
Está claro que la solución no va a llegar precisamente por una política de estado en ninguna parte del mundo y que la concientización tiene que ser a nivel personal. Soy un convencido de que el mundo cambia cuando “yo” lo cambio, es decir, cuando cada uno de nosotros estamos dispuestos a cambiarlo (de la misma manera que saldremos de la crisis cuando despertemos y nos demos cuenta que los bancos no vendrán a darnos el dinero que necesitemos). Puede sonar a Don Quijote contra los molinos de viento, y quizás así lo sea, pero no podemos quedarnos de brazos cruzados. Porque estoy seguro que si tuviésemos en nuestra casa a alguien que nos la arreglara y nos levantara las cosas que dejamos tiradas, aún así no viviríamos tirando la basura por el pasillo ni escupiendo a las paredes ni nada similar, ni tampoco lo haríamos así si nuestro hermano lo hiciera. Esto lo digo porque no existe ninguna justificación para dejar de hacer el esfuerzo de reducir nuestro consumo de energía, de intentar separar nuestra basura para reciclarla. Sé que son esfuerzos mínimos por parte de cada uno de nosotros, ¡pero es que somos millones de personas haciendo esfuerzos mínimos, y esos esfuerzos sumados hacen el cambio!
Podría llenar hojas con estadísticas de cómo aumenta nuestro consumo de energía cada año y hablarles del crecimiento exponencial y de cómo si cada chino o indio le diera por vivir como un occidental, no tendríamos recursos para atender su demanda, pero creo que las cosas se deben hacer por conciencia con el planeta en el que habito y no por el terror que suelen sembrar los ambientalistas con las verdades que dicen. Me gustaría que todos consideraran al planeta como su casa, porque en efecto lo es y a mí por lo menos me gusta verla limpia y ordenada.
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